Efecto Lesbos

elIMG_1613

Y te despiertas una mañana en la que ha sido tu casa con la que es y será siempre tu familia. Y te sientas en el sofá al calor de tu hogar y respiras. Ya no eres la misma, ni éste el mismo lugar.

El primer día al llegar a Lesbos, un bombero de PROEM- AID me dijo “Ya verás el efecto Lesbos, dormirás poco o nada pero tampoco lo necesitarás, es algo raro”. Yo pensé, “estos bomberos están hechos de otra pasta -así es- yo o duermo mis horitas esenciales o no rindo”.

Así pasamos la primera noche, al calor de la hoguera que iluminaba la playa. Para nosotros es sólo eso, una orilla cualquiera. Para los que llegan en lancha significa cruzar la primera meta, el primer paso hacia una vida nueva.

Durante las horas de espera pensaba en el frío que hacía… ¿cómo sería en medio de la oscuridad encerrado en esas aguas? Entendía que yo al echar de menos mi cama y mi ducha caliente tenía la ilusión de un lugar al que volver, pero ¿qué pasa con aquellos a los que recibimos? ¿Cómo debe ser la sensación de no tener un hogar al que volver? ¿Cómo afrontas el camino que tienes por delante sabiendo que ya no hay marcha atrás? Justo ahí se me empezó a helar el corazón y comprendí lo que es el frío de verdad

Efectivamente, como bien dijo mi amigo (ya os lo dije en su momento “maifriens” que para mí ya sois parte de mi gente) las horas de sueño sobraban. Cuando no estábamos en la playa,

íbamos a comprar material. Cuando ya teníamos material íbamos a Moria y cuando ya estaba todo, de nuevo a la playa. El caso era estar en cualquier parte antes que en la cama.

Y entre tanto vivir y el poco dormir pasaron muchas cosas…Si tuviera que quedarme con un momento, un punto clave de inflexión, fue durante un desembarco. Ayudábamos como podíamos a calmar a la gente para que la lancha no volcara; les aplaudimos y nos acercamos a darles nuestra mano. Entonces entre todas las miradas de terror un chico joven me miró y sonrió con la sonrisa más llena que nunca había visto. En su mirada vi la esperanza. Quise echarme a llorar, a llorar mucho y fuerte. Cómo explicarle lo que le queda….cómo explicarle que lo que sus ojos buscan con tanto anhelo posiblemente nunca lo verán. Cómo explicarle que mi mundo en paz es casi tan cruel como el suyo en guerra. Tragué saliva y me puse a cambiar ropa, eso era lo mío, para eso estaba allí. Me dieron a un bebé y en su mirada no pude ver nada. Con sólo unos meses lo único que sus ojos habían visto era el horror del ser humano, el lado más oscuro. Nadie le ha podido mostrar que en la oscuridad más profunda siempre se enciende una vela. Cómo entender, en este caso yo, que nadie se lo mostrará.

Me dijeron que en esta experiencia vería el lado más bueno y más malo del ser humano. No se equivocaban. Algo se ha roto en mí al comprobar la pasividad y la indiferencia con la que se trata a las personas. Nadie tiene menos derecho a vivir que yo por haber nacido a la otra orilla. Nadie debería verse obligado a celebrar llegar empapado a una playa llevando su vida en una mochila. Nadie debería ver a sus hijos llorar de terror ni observarlos con la mirada perdida…

Menos mal que entre tanto desconsuelo hay ángeles en la tierra y que los mejores regalos de esta vida tienen nombre y apellidos; Beita Díaz Raquel Mondaza Leticia Pérez Isabelle Serro Nur Kas Pilar Feo, Sandra, Marina, Miguel, Cesar Lopez Balan, Juan Carlos Morh, Rebeca…y por supuesto mis compis de Proem-Aid. Todos habéis dado una lección de humanidad, de que querer cambiar las cosas significa que se pueden cambiar.

Por supuesto gracias a todos los que desde aquí nos habéis mandado todo el cariño que cabe en un corazón y gracias, como no, a los que han contribuido económicamente. Sepan que muchos pies no van descalzos gracias a ustedes, que muchos niños se abrigan gracias a ustedes, que muchas madres alimentan a sus hijos gracias a ustedes y que muchos van cargados de amor en este viaje tan duro gracias a ustedes.

 

Artículo escrito por Desireé García Linares.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *