¡Basta Ya!

Desde la Asociación de Apoyo al Pueblo Sirio Andalucía condenamos los atentados ocurridos en Niza. De hecho, condenamos todos y cada uno de los atentados.
Paris, Siria, Bruselas, Niza, Estambul, Ankara, Irak, Líbano, Daca, Orlando… los presentes, pasados y los futuros, aunque esperamos de todo corazón que no haya ninguno más.
Condenamos todos y cada uno de los atentados independientemente del lugar y el número de víctimas porque eso en realidad no importa, lo importante es que todos eran personas y han muerto o han resultado heridos injustamente.
Las razones son algo que no entenderemos jamás, no es imposible comprender que te lleva a asesinar a tantas personas, personas que ni si quiera conoces, que tienen su vida, su familia, sus amigos y que de repente se ven presas del horror.

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Religión, ideología… no es indiferente porque si algo tenemos claro es que las creencias y las ideas no matan, matan las personas, personas cobardes que se esconden tras excusas vanas o quizás personas a las que han manipulado tanto que han perdido la conciencia de lo que está bien o está mal. Y la verdad es que nos da igual lo que sean o como sean porque la única verdad absoluta de todo esto es que independientemente de tu lugar de origen, de tu forma de pensar o del dios al que reces o no si matas eres un asesino y si mueres o eres herido por una persona eres una víctima, a ellas y a sus familiares y amigos queremos mandarles todo nuestro apoyo, desde aquí.
Y sabemos que no servirá de nada, que nuestra voz quedará acallada por el ruido de los tiroteos, las bombas, los atropellos, los gritos de desesperación, de dolor, las lágrimas de quienes han perdido a un ser querido a manos de alguien sin corazón y las lágrimas del resto del mundo que se une a su sufrimiento.
Pero aún así queremos expresar lo que sentimos, queremos expresar nuestro dolor por la pérdida de tantas vidas y gritar: ¡BASTA YA!
Basta ya de tiroteos, bombas y atropellos, basta ya de muerte, sufrimiento y desesperación, basta ya de vidas inocente destrozadas a manos de otros “seres humanos”.
Y también queremos alzar la voz para decir basta ya de personas pereciendo en el mar cuando van en busca de un futuro mejor huyendo de una guerra horrible o de un presente que poco o nada tiene que ofrecerles.

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NO MORE BETTER DAYS FOR MORIA

No more Better Days for Moria


El 20 de marzo de 2016 fue el día que Europa se proclamó reino de la ignominia. Los veintiocho mostraron la bajeza de las grandes esferas y deshonraron a más de medio mundo en nombre del Estado del Bienestar, quitándole la máscara a la ‘mano invisible’ del capitalismo y perpetuando al ser humano como moneda de cambio en contra de la dignidad social. Esta fecha pasará a la Historia como el día en que la Humanidad fue despreciada, escupida y apaleada a cambio de 3.000.000 de euros y más, en adelante. El 20 de marzo de este año se hizo oficial el acuerdo firmado entre la Unión Europea y Turquía en el cual desde esa medianoche todos los refugiados que arribasen a las costas helenas serían devueltos a tierras turcas tras el supuesto estudio de su caso. El famoso uno por uno, por cada sirio retornado a Turquía desde las islas griegas, se re asentará a otro sirio procedente de Turquía en la Unión Europea, teniendo en cuenta los criterios de vulnerabilidad de las Naciones Unidas. Europa prometió personal humano para realizar dichos trámites con la mayor velocidad y efectividad posible y así atender personalmente a cada uno de los migrantes en las costas griegas y turcas. Y claro, las palabras suenan a mugre cuando el río está contaminado. A día de hoy, aún siguen en Lesvos alrededor de tres mil refugiados a la espera de la entrevista que decidirá su futuro.

 

Tres meses después, la isla de Lesvos, ya olvidada por los grandes medios de comunicación, está sumergida en un limbo legal. Desde la firma del acuerdo, Turquía echó el cerrojo a cambio de ciertos privilegios económicos y sociales y desde entonces la llegada de embarcaciones a las costas griegas ha dejado de sucederse (anotar que la madrugada del 26 de mayo llegaron dos embarcaciones con un total de 106 personas, casualmente (?) después de una reunión entre la UE y Turquía el 15 de mayo, en la que no se cerró ningún tipo de acuerdo). Para muchos de los voluntarios que aun siguen en la isla, este ‘dingui’ fue un aviso del lado turco, un ‘cuidado con lo que haces, Europa’ ya que las cosas que se acordaron no se están cumpliendo. El trato del uno por uno no se está llevando a cabo, las condiciones de los refugiados en Lesvos es denigrante, Turquía aún no ha obtenido todo el zumo del ácido limón que pretende exprimir de Europa y aún así, los países pertinentes no se ponen de acuerdo mientras están sentados en sus maravillosos asientos de cuero con sus tres raciones de comida al día y, en Moria, miles de refugiados hacen cuatro horas de cola para intentar llevarse a la boca agua sucia.

 

Tras haber sufrido innumerables guerras, hambrunas y haber visto, leído y visionado infinidad de sufrimiento humano, aún se permite que atrocidades como las que se vieron en la frontera entre Grecia y Turquía sigan sucediendo. La lucha sigue estando en el mar, pero ahora existe un problema añadido en tierra. Aquello que en diciembre de 2015 se constituyó gracias a la organización voluntaria Better days for Moria, como un centro de regularización de documentos y ayuda al refugiado, es ahora un centro de detención o Center of First Deportation, obviamente no bajo la ayuda ni el apoyo de los voluntarios de la organización que fueron obligados a abandonar el campo. Moria, fue un nombre que al oirlo antes regalaba sonrisas, ahora hace que tiemblen las piernas.

 

La incertidumbre, el hambre, el deseo de libertad, el maltrato y la ignorancia, están haciendo que la
tensión entre los refugiados aumente a un ritmo trepidante. Cada uno de ellos es un mundo diferente y se los está tratando como animales de un mismo pelaje. La lista de refugiados está encabezada por los refugiados sirios (los ‘privilegiados’) y se cierra con las personas provenientes de África del norte. Entre las casi tres mil personas que en Moria intentan convivir, UNHCR (Agencia de la ONU para los refugiados, United Nations High Commissioner For Refugees) los divide entre migrantes provenientes de una guerra (sirios), entre los cuales si llegaron antes de la firma del acuerdo pueden tener esperanzas para salir de Moria e igual, salir de la isla hacia Europa y, migrantes económicos, que pueden ir haciendo la maleta para volver a tierras turcas o donde buenamente puedan. En estas últimas semanas se produjeron protestas violentas en el interior del centro de detención de Mitilini en la que paquistaníes y afganos quemaron tiendas de campaña y alguno de los refugiados sufrieron daños leves. Cuando a un ser humano se le priva de libertad y es encerrado entre cuatro paredes (literalmente hablando o de manera metafórica), este se desquicia, se convierte en animal y roza la locura. Esto es una muestra evidente del álgido punto en el que los refugiados se encuentran. Enjaulados, privados de derechos, hambrientos y deambulando como moneda de cambio de esa poderosa minoría engrandando sus bolsillos en un despacho.

 

Junio será un mes clave y duro. Se celebra el Ramadan, el mes sagrado de los musulmanes, en el que buscando la pureza de su camino, rezan a su Dios para alcanzar el bien en su otra vida. Ellos dicen que para ser una buena persona, para ser humilde y caminar sobre la verdad de Allah, primero hay que ponerse en la piel del pobre, sufrir su sufrimiento, sentir su misería y su hambre. He aquí el motivo del ayuno. Los musulmanes comen un par de veces por la noche y oran, eso, quien puede. En Moria, las colas se triplican por las noches. El calor, las malas condiciones de sanidad y la carga psicológica que su situación les produce, chocan con el croissant y el zumo que les ofrecen tras cuatro horas de cola en Moria.

 

Lesvos está preparándose para la temporada de verano y huele a silencio en la playa. Los vecinos
parece que quieren entrar en una fase de amnesia colectiva intentando evitar cualquier tema relacionado con los refugiados. Las autoridades actúan directamente y, acudiendo a la violencia, cada vez que alguna de estas personas intenta llamar la atención o, por ejemplo, cuando intentan montar en el ferry que los saque de aquella prisión rodeada por el Egeo, no dudan en hacer muestra de su fuerza y su poder para detenerlos. Por lo tanto, las únicas almas que siguen deambulando en lucha por las costas de Lesvos son los voluntarios y sus organizaciones, los pocos que quedan. En las calles se susurra, ‘si quieres saber la verdad, habla con los voluntarios’. Son ellos los que tras casi un año en la isla han sentido el verdadero sufrimiento de estas personas, han conocido la desesperanza a través del rostro de más de treinta millones de personas y, desgraciadamente, se han perdido miles más en el fondo del mar.
No hay que olvidar que un refugiado es aquella persona que un día tuvo que cerrar la puerta de su casa por culpa de una situación adversa como es la Guerra Civil Siria y dejarla atrás sin saber si volverá a abrirla de nuevo y, que además sabe que el camino que le espera hasta poder llegar a su destino es un camino cargado de humillaciones, vejaciones, violaciones, robos, atracos, maltrato físico y psicológico.

Las hipótesis están ahí pero, toda vagabunda conversación termina en la palabra espera, seguida de un silencio sepulcral. A la espera de que el acuerdo entre Europa y Turquía finalice en el mes de junio, a la espera de soluciones que no vayan en contra de la dignidad y el respeto del ser humano, a la espera de una reacción con corazón por parte de la poderosa minoría, a la espera de un futuro mejor para todas estas personas que llevan años sufriendo por culpa de los intereses de todos sabemos quien. Mientras tanto, bajo las estrellas alrededor del fuego, los voluntarios siguen, noche tras noche, mirando por sus prismáticos a la caza de sombras entre las olas.

Escrito por Julia Caulfield

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