Agradecimiento a Remar ONG y situación actual en Moria

 

Desde la Asociación de Apoyo al Pueblo Sirio de Andalucía queremos trasladar nuestro más profundo agradecimiento a Remar ONG por la labor que está llevando a cabo en el campo de refugiados de Moria, en Lebos (Grecia).

Los compañeros de Remar ONG desplazados en Moria se están encargando de la cocina del campo, comprando productos frescos y dando alimento a más 2.000 personas gracias a las donaciones recogidas por AAPS Andalucía.

Sólo podemos decir ¡¡¡GRACIAS!!!

El incendio que tuvo lugar en Moria hace unos días ha dado lugar a una de las situaciones más duras por las que ha pasado el campo desde que esta crisis humanitaria estallase: a día de hoy cerca de mil refugiados duermen en la calle, mientras el resto se ha visto obligado a regresar a un campo completamente destruido.

Por ello, cualquier ayuda posible es hoy más necesaria que nunca: sin las donaciones recogidas, hoy cientos de personas no tendrían alimento. Así, desde la Asociación de Apoyo al Pueblo Sirio de Andalucía queremos hacer un llamamiento a todas aquellas personas que, en mayor o menor medida, puedan hacer su aportación para que esta dura situación mejore.

Los datos bancarios para donaciones (destinadas íntegramente a la cocina del campo de refugiados de Moria) son los siguientes:

ES64 2085 7556 6303 3013 3582. Ibercaja Atienza

Titular:   Accion directa Sierra Norte

Concepto: Moria

Las siguientes imágenes son de la compra de alimentos realizada por Remar en Moria gracias a las donaciones recogidas por AAPS:

 

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¿Qué está pasándote, Europa?

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El viejo continente hace aguas y no sólo en políticas económicas. El lema “Libertad, Igualdad y Fraternidad” de la Revolución Francesa parece hundirse en arenas movedizas auspiciadas por una élite de poder vacías de contenido, sentido y sentimiento. Y es que, cuando hablan de solidaridad desde la UE ¿a qué se refieren exactamente? Habría que vaciar más la boca y llenar más la razón…

Que no se nos olvide que detrás de cada número con el que identificamos a un refugiado, hay una persona con una historia, una familia, unos amigos…Con sentimientos iguales que los tuyos o los míos, con maneras de pensar y de vivir. Recordemos que nos puede pasar a nosotros, hace poco más de 75 años nos estaba pasando.

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Somos testigos presenciales de una crisis humanitaria de proporciones dramáticas, y mientras miles de personas mueren en eso a lo que llamamos “nuestras fronteras” el mundo sigue rotando alrededor de la banalidad más absoluta. Se estima que cada día de este duro invierno, cruzan el Egeo alrededor de 1600 personas. Y mientras esto ocurre, desde la UE las únicas medidas que se toman van- aún más- en perjuicio de los refugiados.

Dinamarca aprobó el pasado martes un durísimo proyecto de ley que incluye polémicas medidas, como confiscar dinero y objetos de valor a los refugiados para costear su estancia y limitar la reagrupación familiar obligando a los refugiados a esperar un plazo de tres años para poder traer al resto de su familia. Por su parte, la UE amenaza a Grecia de expulsarla de la zona Schengen y países como Hungría ya han cerrado sus fronteras, dejando a miles de personas en sus puertas como si de animales se tratara.

He estado allí, en la entrada a Europa,  los he visto llegar ateridos de frío y de terror, con las miradas cargadas de pena y la incertidumbre cortándoles la respiración y puedo asegurar que nadie, a menos que huyas de una muerte segura, mete a sus seres queridos en una lancha de plástico para recorrer un camino que, en parte, no sabes dónde te llevará.

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¿Qué estás haciendo, vieja Europa? ¿Dónde quedan los principios de solidaridad? Empecemos a llamar a las cosas por su nombre; a esto se le llama genocidio y nosotros, nos guste más o nos guste menos, somos cómplices de ello con nuestro absoluto y atronador silencio. Miedo me da la maldad de “los buenos” que, callados y volviendo la vista a otro lugar, permanecen impasibles mientras el mundo a nuestras puertas se llena de cadáveres.

Para estar muerto a veces basta con vivir despierto en una pesadilla eterna. Eso es justamente lo que les pasa a aquellos que inician el camino hacia nuestras tierras pensando que aquí, el viejo continente y padre de la fraternidad, les brindará la oportunidad que en su tierra le arrebataron.

PD; Europa, si no quieres refugiados no financies las guerras, vieja amiga.

Artículo escrito por Desireé García Linares.

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